sábado, 30 de mayo de 2015

Hastío y desesperación



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante      

Falta una semana para las elecciones en México. Se va a renovar el Congreso y algunas gubernaturas. He visto la cara de desesperación de los que entienden lo que está en juego y que ven que nadie en su entorno se preocupa por el futuro del país.

También he visto el hastío de la gente. La inmensa mayoría está harta, cansada de la guerra sucia y la porquería que manejan los partidos políticos. La verdad, dan pena ajena y no digo uno ni quiero puntualizar: son todos y en todas partes. Vamos, lo más serio que anda en el ambiente político es Lagrimita, a quien después de todo sí le dieron la oportunidad de contender por la presidencia municipal de su ciudad.

Y mucha gente ha buscado cómo hacerle para cambiar la situación actual de México y se han topado con pared. La verdad, el sistema político ha demostrado que está hecho de manera que siempre triunfe uno de ellos, es decir, uno de los candidatos de los partidos políticos. Alegan y creo que con razón, que solo los partidos saben cómo afrontar la realidad del país. Pero esa realidad que solo ellos conocen, no es la realidad de la gente de a pie, de la gente que como usted y yo, queremos que México recupere el señoría que nunca debió haber perdido, de gente que quiere que nuestro país siga siendo la tierra de promisión que para nuestros padres fue y que con trabajo honrado se podía comprar un carro, una casa o dos y salir de vacaciones. No pido más.

Ahora, en la realidad a la que nos han orillado los partidos políticos, cada día está uno temeroso de conocer la nueva traición a la patria que se les puede ocurrir. Ya hubo fobaproa, ya tuvimos enconadas y encanadas defensas del peso, como también luchas fratricidas y muchas vergüenzas más que no vale la pena repetir, pues no se trata de estar poniéndole sal a la herida.

Existe el dolor, existe la herida y medio México, en sentido figurado, está molesto con la forma en que se han manejado las cosas de la política. Solo los profesionales de la política están satisfechos. La gente normal, la que es como usted o yo, no. Estamos hartos, estamos molestos, estamos ahítos. Y los políticos no quieren creerlo.

Sin embargo, no existe aún cohesión entre la ciudadanía para enfrentarlos. México aún no ha querido, pero espero que sea ya muy pronto.

De hecho, va a ser esta elección y va usted a escuchar los gritos de descalificación de los actores políticos. Ya me parece estar oyéndolos: ¡Es que gastó dos pesos de más! ¡Tuvo apoyo de la gente del centro! Y muchos, muchos comentarios y gritos más que al final, se van a resumir en solo argumentos sin sustancia para impactar al elector y convencerlo de que ellos ganaron. Nadie va a quedar satisfecho de los resultados y comenzando por la autoridad, sí, esa que contrata farsantes extranjeras (léase Rigoberta Menchú) por diez mil dólares para que venga a regañar a los dolidos padres de los estudiantes de Ayotzinapa, o aquél que cree que los únicos indios son los que hablan como Toro, hasta los líderes de los partidos políticos que van a desgarrarse las vestiduras, todos van a descalificar la elección.

Claro, hablamos de que nuestra democracia es de las más caras del mundo sino la más cara y también, que no tiene arraigo entre la sociedad.

Sin embargo, veo con ilusión que este mismo hartazgo va a provocar el advenimiento de nuevos líderes sociales, de aquellos que no han medrado con los puestos de elección y que por compromiso social van a acceder a luchar por México, claro, fuera de los partidos políticos.

Espero que en realidad, las próximas elecciones haya muchos candidatos independientes. ¡Se va a poner buena la cosa!

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.



sábado, 25 de abril de 2015

Los beneficios de la honestidad y otros valores



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante              


Hoy vengo ante usted, mi querido lector, a platicarle parte de una historia que aparece en una película que seguramente ya vio: Una mente maravillosa, la historia de John Nash, quien ganó el Premio Nobel de Economía en 1994 por sus esfuerzos, en especial, por lo relativo a la Teoría de Juegos.

En este caso vamos a comentar precisamente la “Teoría de Juegos” por la que recibió el Nobel Nash y el que tal vez sea su problema más famoso: El dilema del prisionero.

Se trata de lo siguiente: detienen a dos personas. Cada una es internada en una celda diferente. La policía no cuenta con elementos suficientes para acusarlos pero tiene a la ley que dice:

8 años de cárcel si los dos se declaran culpables.

Un año de cárcel si ambos lo niegan.

Si uno confiesa y el otro no, el que confiesa sale libre y el otro se queda con una pena de 12 años de prisión.

Si tú confiesas y tu cómplice no, tú sales libre y él se queda 12 años en la cárcel.

Si el socio confiesa y tú no, él sale libre y tú te quedas 12 años.

Así, sin pensar mucho, ¿Cuál será la mejor respuesta?

Si los dos lo niegan, a pesar de la falta de pruebas, será un año de cárcel a cada uno y pueden salir bajo fianza.

Sin embargo, como siempre gana el egoísmo, los dos confiesan y culpan al otro. El resultado es la primera opción: 8 años de cárcel a cada uno y luego, los rencores entre ambos.

¿Por qué fue ese el resultado? Por el egoísmo.

Si los dos hubieran sido altruistas, desprendidos, además de honestos, hubieran negado el delito y así, lograrían la condena mínima que además, les permite quedar libres bajo fianza. Pero no, les gana el egoísmo y prefieren delatar al otro, a pesar de que no sea cierto.

De igual manera, si usted se conduce con los valores que casi todos predicamos pero que muy pocos cumplen: verdad, honestidad, congruencia, respeto, inclusión y todas esas palabras que adornan los discursos pero que son ajenas a la vida diaria de muchos, se va a dar cuenta de pronto que generan dividendos, siguiendo la Teoría de Juegos de Nash.

Uso ejemplos: si usted le paga buen sueldo a sus empleados, si cumple con su función como patrón honesto, va a obtener a cambio trabajadores comprometidos que van a luchar por hacer que la empresa progrese.

Otro: Si usted se niega a participar en la corrupción tal vez va a tener algún problema, pero la verdad, a la larga va a lograr que cambie el sistema. Negarse a ser parte del “sistema” tal vez vaya en contra de lo que se maneja en el país, pero sí es lo que vamos buscando la inmensa mayoría.

Si usted participa en política, no en un partido, sino en los problemas de la ciudad, va a ser parte de la solución. Si sigue en los partidos, es parte del problema.

Si usted es padre de un hijo, asuma su compromiso, que va más allá de darle un peso. Cárguelo, arrópelo, protéjalo y enséñelo a ser responsable. No le permita la libertad de hacer su voluntad porque algún día usted y la sociedad se darán cuenta que ha formado nuevos próceres políticos, como los que ahora son la vergüenza del país.

Lo que necesitamos es que cada uno asuma sus responsabilidades (que por cierto muchos lo quieren hacer pero el “sistema” no los deja) y así nos daremos cuenta que el país va a ir cambiando en el rumbo que buscamos. Ese es el juego que en teoría nos va a ayudar: La Teoría del Juego aplicada a las Ciencias Sociales.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.



jueves, 16 de abril de 2015

Caso Carmen Aristegui vs. MVS



En el expediente 672/2015 seguido ante el Juez Octavo de Distrito en Materia Administrativa del Distrito Federal, la conductora Carmen Aristegui impetró el amparo y protección de la justicia federal contra actos que, de consumarse, implican violación a sus derechos humanos, incluido el de dedicarse al arte, oficio o profesión que le acomode.

Ello tiene su origen en la orden dictada por MVS quien de manera unilateral modificó los lineamientos impuestos a sus conductores, pues les limita en el ejercicio de la práctica periodística, que estaba prevista en el contrato de prestación de servicios celebrado entre la conductora y la empresa.

Es decir, no es precisamente el despido desde el punto de vista laboral lo que se impugna, sino la decisión de dar por terminado un contrato mercantil de prestación de servicios y como consecuencia de ello, se le negó el acceso a la empresa.

Estamos en presencia de un acto de particular que actúa como si fuera autoridad, pues sus actos tienen la posibilidad de vulnerar los derechos humanos de las personas con quienes interactúa, en especial, por el hecho de que las facultades y privilegios de que goza derivan de una concesión federal, lo que lo convierte en autoridad para efectos del amparo.

Cambia totalmente la perspectiva y extiendo mi más cálida felicitación a los abogados de la conductora, que en pos de lograr justicia, han sabido plantear de manera correcta su lucha por defender sus derechos.

José Manuel Gómez Porchini