domingo, 25 de junio de 2017

La calidad profesional




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante

Se define algo que está bien hecho como aquello que tiene calidad profesional. Es decir, la calidad profesional es más que la descripción de una conducta, es una verdadera forma de vida, de ser y estar.

Cuando usted busca algo o a alguien que tenga los mejores calificativos, definitivamente que piensa en aquello que está hecho por profesionales o que por sí mismo es un profesional.

Va usted a la tienda y encuentra dos productos casi iguales: uno hecho por profesionales, cubriendo todas las normas de calidad y preocupándose por entregarle al cliente un objeto que sirva, que sea eficiente y, además, que tenga muy buena presentación. El otro producto es una burda copia, un remedo amorfo, algo que usted sabe que al primer uso va a dejar de funcionar. Es decir, usted sabe que es un producto “pirata”.

Así es la vida también con las personas. El hecho de que alguien tenga un título de alguna profesión no garantiza que sea un profesional de la materia, la que sea. Acredita que cursó los estudios y tal vez, en las mejores universidades. Pero la calidad profesional no la va a encontrar por ninguna parte. Acredita ser profesionista, pero eso no es suficiente.

Hay varias preguntas que me hago en voz alta, como en reflexión para mí y que comparto con usted: ¿Puede un maestro que no lee enseñar a sus alumnos el placer de la lectura? ¿Podrá contagiarles el interés por aprender cuando el maestro es indolente? ¿Puede un docente que escribe con errores de ortografía y así enseña a sus alumnos, decir que es un profesional?

Voy más, mucho más allá de lo que acabo de dejar asentado.

Tuve necesidad de contratar los servicios profesionales de un notario público y los escritos, los trámites, el trato y todo lo que le rodea, parece una burda copia de una notaría pública profesional. Vamos, hasta el olor que la caracteriza: cualquiera diría que están procesando guano.

Fui a una universidad, de esas que tienen muchos “Campus”, que se ofertan como maravillosas y con carreras profesionales en unos cuantos cuatrimestres, con garantía al alumno de no reprobar materias y conocí a algunos de sus estudiantes. Tal vez algún día lleguen a ser profesionistas, con cédula y título, pero atrás de ellos no existe la calidad profesional. No hay el soporte necesario para saber hacer nada de manera correcta.

Fui al juzgado y el servicio que brindan riñe completamente con la calidad profesional. Se nota que son aficionados de la materia y que ignoran los rudimentos de la misma. Una de las autoridades me dijo que no podía dictar el acuerdo que yo estaba solicitando: “porque no lo sé hacer”.

¿Aceptaría usted a un médico que haga grandes esfuerzos, pero que no alcance a distinguir la gimnasia de la magnesia? Yo, no. Definitivamente, no.

Ahora bien: ¿Debo exigir que quienes opinan y dirigen los destinos de mi patria sean verdaderos profesionales o debo aceptar como válido que se distingan por ser personas y candidatos “piratas”?

Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini
Orgullosamente mexicano.




Los candidatos ciudadanos




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante

México está ante la encrucijada de permitir que el sistema, ya obsoleto y caduco, continúe en el poder, tanto a través de candidatos oficiales de los partidos políticos, como de candidatos “independientes” que, en realidad, son los que han perdido los cotos de poder dentro de esos partidos políticos.

En efecto, todos y cada uno de los que se autodenominan independientes vienen de las filas de los partidos políticos y a pesar de que ahora se den baños de pureza, es imposible que de pronto, hayan olvidado los manejos y privilegios que desde el poder han orquestado.

Si usted pretende que México tenga un verdadero cambio, por favor, debe concederse la oportunidad de buscar un candidato que sea ajeno a los partidos políticos, un candidato realmente ciudadano.

Y así, varios hemos levantado la mano para hacer saber nuestro interés en participar por buscar un puesto de elección popular, precisamente desde una trinchera ajena a los partidos políticos, que cada vez gozan de menos seguidores.

Solo con la participación decidida de todos y cada uno de nosotros, México podrá lograr el cambio que se busca.

Y no se requiere para la presidencia de la república una persona que tenga sueños ajenos a la realidad. Se requiere alguien con objetivos, que esté consiente que debe ser el empleado de mayor rango, pero siempre un empleado que debe responder al interés superior de la nación.

Para ello, debemos liberarnos de individualismos y grupos que solo buscan el poder para sí y en cambio, habrá que buscar y lograr el trabajo en equipo.

Ya hay varios grupos que reúnen los requisitos. Entre ellos y de manera principal, está Somos México, encabezado por Gustavo Jiménez-Pons. Vale la pena que se conceda la oportunidad de conocer sus propuestas y lo que está haciendo.

Una de las cosas que lo distingue, es que desde un principio prometió no llenar las calles con la basura electorera y mucho menos con su imagen. Lo que le interesa difundir, es la posibilidad de que México al fin, tenga un verdadero candidato afín al pueblo.

Conózcalo. Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini
Orgullosamente mexicano.




miércoles, 17 de mayo de 2017

Monterrey, sus montañas y las pedreras



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante

El problema es mayúsculo en Monterrey. Lo que más presume la Sultana del Norte, sus montañas, los cerros que la rodean, el Cerro de la Silla y todos y cada uno, son como los cuernos de los ciervos: su principal orgullo y su mayor debilidad.

Cuando el gamo escapa, sus delgadas piernas, que tan feas son a sus ojos, son las que le permiten huir a toda velocidad y sus cuernos, su orgullo, son los que le ocasionan problemas al enredarse en las ramas de los árboles y así, permitir que lo alcance el depredador.

A Monterrey le enorgullecen sus cerros y le apena lo árido de su paisaje. Tanto presume que se llama a sí misma “La Ciudad de las Montañas” y tanto le apena que ha buscado cubrir esa falta de agua construyendo presas a su alrededor. No ha entendido que así es y que por eso aquí llegaron las doce familias primeras, que esa fue la razón de que aquí se asentaran las fábricas y que la vida corre por sus ríos subterráneos.

Hace unos días estuve en una plática con gente que sabe más de la vida de campo que quienes se supone que eso estudian. Y así lo dicen porque a la tierra la sienten, se saben parte de ella y, sin saberlo, proclaman lo mismo que dice la respuesta del Jefe Seattle cuando el presidente de Estados Unidos quiso comprar sus tierras: después de todo, quizá seamos hermanos.

Hace ya muchos años, los que sí saben de esto, crearon una reserva ecológica que cuida y protege los bosques, sierras y mantos acuíferos de Monterrey y la denominaron “Parque Nacional Cumbres de Monterrey” y la que recibiera protección mediante diversos decretos: el de 24 de julio de 1942 firmado por Manuel Ávila Camacho como presidente de la república y el señor ingeniero Don Marte R. Gómez, como Secretario de Estado y Despacho de Agricultura y Fomento, entre otras autoridades.

Al tiempo, dicho decreto fue modificado mediante el que actualmente está en vigor, publicado en el Diario Oficial de la Federación de fecha viernes 17 de noviembre de 2000.

Es decir, es ley vigente y, por ende, derecho positivo. La ley no requiere prueba, reza el aforismo jurídico y dice también el Código Civil. Es decir, no es necesario acreditarlo en juicio y todas las autoridades están obligadas a atender la letra de la ley.

Y de pronto nos encontramos que, en una sola calle, Cañón Grande, dentro de La Estanzuela, ubicada en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey, existen tres compañías que se dedican a quebrar piedra, es decir, tres pedreras, que contaminan todo a su alrededor y que carecen de permisos para operar.

Así como la augusta función de la autoridad jurisdiccional es buscar la manera de decir el derecho, no ha de perder de vista que primero es buscar la justicia y para ello, con que se aplique la ley es suficiente.

Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini
Orgullosamente mexicano.